jueves, 2 de diciembre de 2010

Una descripción encantada...

Llegué a un pueblecito pequeño. Las humildes casitas se amontonaban en torno a una fuente de piedra, que traía su agua desde las montañas. Pero lo más impresionante era el enorme castillo que se erigía sobre una loma en el lado Oeste del pueblo. Llena de curiosidad me dirigí al lugar y cuanto más me acercaba, más podía ver la perfección de la que gozaba: Era enorme, construido en piedra viva. Daba la sensación de estar abandonado, pues no había ningún soldado en las numerosas almenas. Las paredes estaban recubiertas de musgo y una hiedra se extendía por toda la puerta de madera. El sol, que ya desaparecía tras las montañas, le daba un toque fantasmagórico.
Dejé mi caballo amarrado en un mustio árbol y tiré de la hiedra para abrir la puerta. Dentro ya, sentí un escalofrío que recorrió todo mi cuerpo. Como en numerosas leyendas, ¿podía ser aquel uno de esos castillos encantados?

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