domingo, 5 de diciembre de 2010

Como siempre había querido

En la capilla, todos esperaban sentados en sus respectivos asientos, tal y como ella lo había dispuesto: en la derecha los amigos y familiares de él y en la izquierda los de ella.
Todos lucían sus mejores galas, trajes de gasa, chaquetas y corbatas...
El novio, situado ante unas escaleras (como ella quería), aguardaba la llegada de su alma gemela.
El reloj tocó las doce en punto y sonó el vals de Tchaikovsky que utilizaron en la película "La Bella Durmiente". Siempre había soñado con que en su boda sonase esa música al entrar y así era. 
El novio sonrió, al ver que su amada asomaba por la puerta de la capilla. Iba vestida de blanco, como cualquier otra novia, pero su traje era distinto a los típicos: Un corpiño lleno de pedrería, rodeaba su abdomen y luego miles de capas de gasa caían en picado hacia a bajo. Llevaba el pelo suelto, como siempre quiso, puesto con cuidado sobe su hombro izquierdo descubierto; y nunca quiso llevar velo, así que claramente no lo llevaba. 
El padrino, un apuesto joven, la guió hasta el altar donde se la entregó a su amigo.
Ella pensó <<Todo está perfecto, la música, el traje, los invitados... Sin embargo, algo estaba colocado de forma incorrecta.>>
Todo estaba exactamente como ella había pedido, todo, excepto el novio. Sin querer se había enamorado de aquel apuesto joven que estaba al lado del que iba a ser su marido, aquel que con pesar la había acompañado al altar, aún sabiendo que ello sería su final.
Despegó la vista de aquellos hermosos ojos negros que la miraban con tristeza y haciendo el máximo esfuerzo posible en aquellos momentos, sonrió a su novio, este la tomó de la mano y la subió al altar.

-Danae, ¿aceptas a este hombre como esposo?- Preguntó el cura. -Si- Respondió secamente, mientras intentaba negarse una y otra vez que amaba a el joven que aguardaba, a un lado del novio. Para ella, esa respuesta había sido el último latido de vida en su corazón. Se preguntó cuando sería el último de Jake.
-Por el poder que me concede la iglesia, yo os declaro marido y mujer. Puede besar a la novia- Lentamente, el joven esposo la besó, y como es típico salieron de la iglesia y tiraron arroz.

Todos acudieron al banquete nupcial, que fue un éxito: La comida fantástica y un buen servicio. Danae se había asegurado de ello.
-!Que el padrino diga unas palabras¡- Gritaron y a la novia le dio un vuelco el corazón. Jake se levantó de su silla y con una copa de champán comenzó a hablar:
-Hoy es un día muy especial, para ellos. Todo lo que han pasado juntos, siempre permanecerá en su memoria y formará parte de su historia personal. No todos los días se une en santo matrimonio una pareja tan perfecta y enamorada como ésta, por eso les deseo la mayor felicidad que puedan tener. ¡Que vivan los novios!- Concluyó y de un trago acabó con la copa. Si antes Danae se había preguntado cuando el corazón de su verdadero amado daría el último latido, era posible que en ese momento estuviera agonizando.

Su boda había sido lo más grandiosa posible,como siempre soñó, pero ahora se preguntaba, ¿para qué tanto confeti, tantas flores o tanta música de cuento de hadas? Allí solo se estaba celebrando la muerte de dos corazones...


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