jueves, 27 de noviembre de 2014

El de la voz

De repente se convirtió en algo enfermizo: Esperar cada mañana oír su voz a través de mi ventana; escuchar los acordes, a veces confusos, de su guitarra resonar en mi habitación.
No sabía quien era el misterioso cantante, pero el solo hecho de que compartiese conmigo el amor por la música, que dedicara unas horas de su vida a rasgar las cuerdas de una guitarra, me hacía fantasear con como sería; si le gustaban los días de lluvia, o preferiría Metallica a Go West. 
Solía cantar a la hora de la comida, mientras yo cocinaba. Embelesada, apoyaba mis codos en el alfeizar de la ventana y sosteniendo mi cara entre las manos, escuchaba atenta al repertorio diario: Sobretodo grupos de los ochenta, en inglés, y algunas canciones de Ed Sheeran.
Si al menos alguna vez me cruzara con esa voz, en el rellano o en el ascensor, si alguna vez supiera quien es, solo podría pedirle un par de acordes para componerle una canción.

jueves, 20 de noviembre de 2014

El de vivir

Un día te despiertas, y ves un tímido rayo de sol entrando a través de tu ventana que inunda la habitación de un color anaranjado. A pesar de levantarte con el amanecer crees que vale la pena, ya solo por salir a la calle y disfrutar del olor a naranjos; por coger tu bicicleta y pedalear viendo las caras de la gente, viendo todo lo hermoso del mundo, sintiendo el aire frío de noviembre en tu rostro. 
Echas de menos tantas cosas, sencillas, como el olor a sal del mar y la brisa en tu pelo, el calor del sol sobre tu piel, las personas a las que amas por encima de cualquier cosa...
Pero es en esos días, en los que caminando cerca de este río cargado de esperanza, te das cuenta que ya no estás atado a tu pasado. Que, aunque lleves sujeto a tus hombros el futuro, te sientes flotar. 
Así de repente, sonríes y alguien se enamora de esa sonrisa y tú...tú te enamoras de la vida. 

domingo, 2 de noviembre de 2014

A cerca del invierno

¿Recuerdas cuando eras un niño y corrías por el parque después de la lluvia? Saltabas de charco en charco empapándote y llenando de barro tus desgastadas deportivas. Sin esperarlo, la hierva mojada te hacía caer, con el trasero en uno de ellos. Y te quedabas ahí, con un dolor terrible en el culo, y calado hasta los huesos, tiritando de frío, mirándote los calcetines ya no tan blancos.
En esta noche de noviembre, en la que el calor decide alejarse para seguir su curso natural, siento como si volviese a estar desparramada sobre ese charco marrón. Ahí sentada, piensas en qué te hizo volver a caer. ¿Fue a caso jugar bajo la lluvia?¿O pisar el lugar equivocado? No lo sabes.
Miras tus pies, mientras escuchas a Ed Sheeran a las dos y media de la madrugada. Notas como cada vez cala más profundo, la humedad que deja el vacío. Ese vacío que siempre estuvo dentro de ti; ese que se escondía tras las muchas palabras y los pocos actos; aquel que ocultaba la misma repetitiva taza de café; ese vacío que llega cuando entiendes que, aunque parecía real, solo era una puta mentira. Piensas:¿cómo puede haber gente tan hipócrita?¿Cómo puede haber gente que finja sentir amor y encima se sientan orgullosos de ello?¿Por qué tantas fotos a las que titulo "tú y yo para siempre", si el para siempre lo acabas de borrar con tus propios actos? El ser humano es la raza más despreciable que habita este mundo. Mentimos en nombre del amor, hacemos daño en nombre del amor... ¿No debería suceder lo contrario?¿Ser mejores personas?¿Defender los valores de una vida libre de cadenas, de mentiras y de trucos?
Entonces te quedas así, tirado, viendo como nuevas gotas caen a tu alrededor, y te preguntas cuando volverá a salir el sol; si será mañana o quizás en marzo, con el comienzo de la primavera. 
Nadie viene a levantarte del suelo mojado, como hacía tu madre al darse cuenta de que habías caído. Nadie está tan preocupado como para envolverte en una manta caliente y prepararte un buen chocolate caliente, porque, nadie, se está fijando en ti. 
Y así el corazón, la venas y arterias se van congelando, convirtiéndote en un monstruo, que se cansó de sentir el frío. Más bien, que se cansó de esperar sentir calor en el más duro invierno.


sábado, 1 de noviembre de 2014

La vida cambia y nosotros con ella o eso solían decirme. Y lo cierto es que si. Pero cada cambio necesita un desencadenante, que te convierte en una nueva versión de ti, como una actualización de software. No siempre son buenos, pero muchas veces si necesarios. A veces tan solo aparecen sin haberlos pedido, dándote una gran lección y otras y con mucha o poca suerte (según se mire) no ocurren. 
Lo realmente peligroso del asunto, no es el cambio en si, sino que no te guste en lo que te convierte. Muchas veces no te abre los ojos, o te muestra la simplicidad de la vida; muchas veces te hace ser más cruel y cínico de lo que ya eras, transformándote en una caricatura de ti mismo. Acostumbrándote a odiar, a parte de los lunes, el resto de la semana; Evitando entablar lazos con otras personas. Algunos lo llaman independencia, yo lo llamo dolor o demasiadas cicatrices, os avisaré cuando sepa con seguridad como denominarlo. 
Y así, los días van pasando, del verano al otoño y luego al invierno, el duro y frío invierno, que da paso a la más hermosa primavera. Mientras tanto nosotros seguimos aquí, viéndolos pasar, algunos alegres como los de principio de verano y otros solitarios como las ramas de los árboles en invierno. 


martes, 21 de octubre de 2014

El de la incógnita resuelta

"Entendí que aquellas cosas que nunca hizo, no fueron porque él no quisiera, si no porque yo no era la persona que le hacía sentir que debía hacerlo. Y no me molestaba darme cuenta de ello, pues no quería que comenzase una vida infeliz a mi lado.
Yo, quería que la buscara y que al encontrarla, hiciera por ella todas esas cosas que solo se hacen por la persona a la que amas.
Saber que estás completamente enamorado, tarda tan sólo un par de segundos, no una vida entera, eso, viene después."

El de cuando tardó más de la cuenta

Llegó unos minutos antes de la hora. Decidió esperar sentada en un banco cercano de color verde con reposabrazos de metal. Estaba lleno de nombres, frases... Un árbol detrás de éste, movía sus ramas alegremente con la brisa de principios de verano. Más lejos unos niños correteaban alegremente por el parque, jugando inocentemente
El corazón latía fuerte contra su pecho, hacía bastante tiempo que no tenía una cita o por lo menos no una tan seria y que le importase tanto. Esperaba ver aparecer sus ojos verdes de un momento a otro y esa sonrisa que mataba... 
Se acercó a ella un niño de aquellos que jugaban a lo lejos, con un doblez de papel encerrado en el puño. Con un gesto rápido abrió la mano para que ella cogiera la nota y sonriendo tímidamente señaló hacia la otra punta del parque. Una figura alta la observaba detrás de unas gafas de sol. Llevaba su pelo rubio perfectamente desordenado y sonreía. Se apoyaba de forma desenfadada sobre la pared blanca con sus manos en los bolsillos.
Ella levantó a modo de saludo su mano. En ese momento se acordó de la nota. La abrió y leyó: "Perdón por la tardanza". Rió, pues no solo había llegado unos minutos tarde, sino también algunos años.

6 de Abril 1998. Historias

Caminaba descalza sobre los gijarros de la orilla. Con el mar en calma, el ir y venir de las olas mojaba sus tobillos. <<Realmente está fría>> Pensó. Y era lógico a principios de Abril. 

Se sentó con las piernas cruzadas y de su bolso sacó un pequeño y envejecido bloc de notas. Habían ojas sueltas, algunas de un color amarillento y otras dobladas por las esquinas. Aquel viejo amigo no sabía de Historia del Mundo, pero si contenía miles de historias. De amor; de caballeros con sombrero y monóculo; de damas de burdel; de partidas de póker; de conciertos con solo de acordeón...

Se detenía en las numerosas fechas escritas sobre cada enunciado, recordando aquellos instantes, las canciones, los besos, las risas. Suspiró.

Tomó su bolígrafo bic, y pese a que se podrían anotar más fechas en aquellas hojas, decidió escribir la última entrada. Colocó un mechón de pelo tras su oreja izquierda y comenzó:



"6 de Abril 1998

Historias

Caminaba descalza sobre los gijarros de la orilla. Con el mar en calma, el ir y venir de las olas mojaba sus tobillos. <<Realmente está fría>> Pensó[...]".