domingo, 2 de noviembre de 2014

A cerca del invierno

¿Recuerdas cuando eras un niño y corrías por el parque después de la lluvia? Saltabas de charco en charco empapándote y llenando de barro tus desgastadas deportivas. Sin esperarlo, la hierva mojada te hacía caer, con el trasero en uno de ellos. Y te quedabas ahí, con un dolor terrible en el culo, y calado hasta los huesos, tiritando de frío, mirándote los calcetines ya no tan blancos.
En esta noche de noviembre, en la que el calor decide alejarse para seguir su curso natural, siento como si volviese a estar desparramada sobre ese charco marrón. Ahí sentada, piensas en qué te hizo volver a caer. ¿Fue a caso jugar bajo la lluvia?¿O pisar el lugar equivocado? No lo sabes.
Miras tus pies, mientras escuchas a Ed Sheeran a las dos y media de la madrugada. Notas como cada vez cala más profundo, la humedad que deja el vacío. Ese vacío que siempre estuvo dentro de ti; ese que se escondía tras las muchas palabras y los pocos actos; aquel que ocultaba la misma repetitiva taza de café; ese vacío que llega cuando entiendes que, aunque parecía real, solo era una puta mentira. Piensas:¿cómo puede haber gente tan hipócrita?¿Cómo puede haber gente que finja sentir amor y encima se sientan orgullosos de ello?¿Por qué tantas fotos a las que titulo "tú y yo para siempre", si el para siempre lo acabas de borrar con tus propios actos? El ser humano es la raza más despreciable que habita este mundo. Mentimos en nombre del amor, hacemos daño en nombre del amor... ¿No debería suceder lo contrario?¿Ser mejores personas?¿Defender los valores de una vida libre de cadenas, de mentiras y de trucos?
Entonces te quedas así, tirado, viendo como nuevas gotas caen a tu alrededor, y te preguntas cuando volverá a salir el sol; si será mañana o quizás en marzo, con el comienzo de la primavera. 
Nadie viene a levantarte del suelo mojado, como hacía tu madre al darse cuenta de que habías caído. Nadie está tan preocupado como para envolverte en una manta caliente y prepararte un buen chocolate caliente, porque, nadie, se está fijando en ti. 
Y así el corazón, la venas y arterias se van congelando, convirtiéndote en un monstruo, que se cansó de sentir el frío. Más bien, que se cansó de esperar sentir calor en el más duro invierno.


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