sábado, 1 de noviembre de 2014

La vida cambia y nosotros con ella o eso solían decirme. Y lo cierto es que si. Pero cada cambio necesita un desencadenante, que te convierte en una nueva versión de ti, como una actualización de software. No siempre son buenos, pero muchas veces si necesarios. A veces tan solo aparecen sin haberlos pedido, dándote una gran lección y otras y con mucha o poca suerte (según se mire) no ocurren. 
Lo realmente peligroso del asunto, no es el cambio en si, sino que no te guste en lo que te convierte. Muchas veces no te abre los ojos, o te muestra la simplicidad de la vida; muchas veces te hace ser más cruel y cínico de lo que ya eras, transformándote en una caricatura de ti mismo. Acostumbrándote a odiar, a parte de los lunes, el resto de la semana; Evitando entablar lazos con otras personas. Algunos lo llaman independencia, yo lo llamo dolor o demasiadas cicatrices, os avisaré cuando sepa con seguridad como denominarlo. 
Y así, los días van pasando, del verano al otoño y luego al invierno, el duro y frío invierno, que da paso a la más hermosa primavera. Mientras tanto nosotros seguimos aquí, viéndolos pasar, algunos alegres como los de principio de verano y otros solitarios como las ramas de los árboles en invierno. 


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