De repente se convirtió en algo enfermizo: Esperar cada mañana oír su voz a través de mi ventana; escuchar los acordes, a veces confusos, de su guitarra resonar en mi habitación.
No sabía quien era el misterioso cantante, pero el solo hecho de que compartiese conmigo el amor por la música, que dedicara unas horas de su vida a rasgar las cuerdas de una guitarra, me hacía fantasear con como sería; si le gustaban los días de lluvia, o preferiría Metallica a Go West.
Solía cantar a la hora de la comida, mientras yo cocinaba. Embelesada, apoyaba mis codos en el alfeizar de la ventana y sosteniendo mi cara entre las manos, escuchaba atenta al repertorio diario: Sobretodo grupos de los ochenta, en inglés, y algunas canciones de Ed Sheeran.
Si al menos alguna vez me cruzara con esa voz, en el rellano o en el ascensor, si alguna vez supiera quien es, solo podría pedirle un par de acordes para componerle una canción.
"Explícalo con tus palabras" decía nuestro profesor de Lengua; y así he hecho el resto de mi vida desde que dejé las abarrotadas clases de un instituto público en Candelaria, Tenerife.
jueves, 27 de noviembre de 2014
jueves, 20 de noviembre de 2014
El de vivir
Un día te despiertas, y ves un tímido rayo de sol entrando a través de tu ventana que inunda la habitación de un color anaranjado. A pesar de levantarte con el amanecer crees que vale la pena, ya solo por salir a la calle y disfrutar del olor a naranjos; por coger tu bicicleta y pedalear viendo las caras de la gente, viendo todo lo hermoso del mundo, sintiendo el aire frío de noviembre en tu rostro.
Echas de menos tantas cosas, sencillas, como el olor a sal del mar y la brisa en tu pelo, el calor del sol sobre tu piel, las personas a las que amas por encima de cualquier cosa...
Pero es en esos días, en los que caminando cerca de este río cargado de esperanza, te das cuenta que ya no estás atado a tu pasado. Que, aunque lleves sujeto a tus hombros el futuro, te sientes flotar.
Así de repente, sonríes y alguien se enamora de esa sonrisa y tú...tú te enamoras de la vida.
domingo, 2 de noviembre de 2014
A cerca del invierno
¿Recuerdas cuando eras un niño y corrías por el parque después de la lluvia? Saltabas de charco en charco empapándote y llenando de barro tus desgastadas deportivas. Sin esperarlo, la hierva mojada te hacía caer, con el trasero en uno de ellos. Y te quedabas ahí, con un dolor terrible en el culo, y calado hasta los huesos, tiritando de frío, mirándote los calcetines ya no tan blancos.
En esta noche de noviembre, en la que el calor decide alejarse para seguir su curso natural, siento como si volviese a estar desparramada sobre ese charco marrón. Ahí sentada, piensas en qué te hizo volver a caer. ¿Fue a caso jugar bajo la lluvia?¿O pisar el lugar equivocado? No lo sabes.
Miras tus pies, mientras escuchas a Ed Sheeran a las dos y media de la madrugada. Notas como cada vez cala más profundo, la humedad que deja el vacío. Ese vacío que siempre estuvo dentro de ti; ese que se escondía tras las muchas palabras y los pocos actos; aquel que ocultaba la misma repetitiva taza de café; ese vacío que llega cuando entiendes que, aunque parecía real, solo era una puta mentira. Piensas:¿cómo puede haber gente tan hipócrita?¿Cómo puede haber gente que finja sentir amor y encima se sientan orgullosos de ello?¿Por qué tantas fotos a las que titulo "tú y yo para siempre", si el para siempre lo acabas de borrar con tus propios actos? El ser humano es la raza más despreciable que habita este mundo. Mentimos en nombre del amor, hacemos daño en nombre del amor... ¿No debería suceder lo contrario?¿Ser mejores personas?¿Defender los valores de una vida libre de cadenas, de mentiras y de trucos?
Entonces te quedas así, tirado, viendo como nuevas gotas caen a tu alrededor, y te preguntas cuando volverá a salir el sol; si será mañana o quizás en marzo, con el comienzo de la primavera.
Nadie viene a levantarte del suelo mojado, como hacía tu madre al darse cuenta de que habías caído. Nadie está tan preocupado como para envolverte en una manta caliente y prepararte un buen chocolate caliente, porque, nadie, se está fijando en ti.
Y así el corazón, la venas y arterias se van congelando, convirtiéndote en un monstruo, que se cansó de sentir el frío. Más bien, que se cansó de esperar sentir calor en el más duro invierno.
En esta noche de noviembre, en la que el calor decide alejarse para seguir su curso natural, siento como si volviese a estar desparramada sobre ese charco marrón. Ahí sentada, piensas en qué te hizo volver a caer. ¿Fue a caso jugar bajo la lluvia?¿O pisar el lugar equivocado? No lo sabes.
Entonces te quedas así, tirado, viendo como nuevas gotas caen a tu alrededor, y te preguntas cuando volverá a salir el sol; si será mañana o quizás en marzo, con el comienzo de la primavera. Nadie viene a levantarte del suelo mojado, como hacía tu madre al darse cuenta de que habías caído. Nadie está tan preocupado como para envolverte en una manta caliente y prepararte un buen chocolate caliente, porque, nadie, se está fijando en ti.
Y así el corazón, la venas y arterias se van congelando, convirtiéndote en un monstruo, que se cansó de sentir el frío. Más bien, que se cansó de esperar sentir calor en el más duro invierno.
sábado, 1 de noviembre de 2014
La vida cambia y nosotros con ella o eso solían decirme. Y lo cierto es que si. Pero cada cambio necesita un desencadenante, que te convierte en una nueva versión de ti, como una actualización de software. No siempre son buenos, pero muchas veces si necesarios. A veces tan solo aparecen sin haberlos pedido, dándote una gran lección y otras y con mucha o poca suerte (según se mire) no ocurren.
Lo realmente peligroso del asunto, no es el cambio en si, sino que no te guste en lo que te convierte. Muchas veces no te abre los ojos, o te muestra la simplicidad de la vida; muchas veces te hace ser más cruel y cínico de lo que ya eras, transformándote en una caricatura de ti mismo. Acostumbrándote a odiar, a parte de los lunes, el resto de la semana; Evitando entablar lazos con otras personas. Algunos lo llaman independencia, yo lo llamo dolor o demasiadas cicatrices, os avisaré cuando sepa con seguridad como denominarlo.
Y así, los días van pasando, del verano al otoño y luego al invierno, el duro y frío invierno, que da paso a la más hermosa primavera. Mientras tanto nosotros seguimos aquí, viéndolos pasar, algunos alegres como los de principio de verano y otros solitarios como las ramas de los árboles en invierno.
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