Ahora ya soy una "mujer adulta" o al menos así lo dicta la ley española de mayoría de edad (esta bien, lo confesaré me encanta pasar las tardes viendo películas de Disney), y hacer amistades o encontrar pareja es más complicado, por que exiges mucho más que antes.
Y es aquí donde empieza el verdadero relato de mis pensamientos: Yo he tenido en toda mi vida dos noviazgos que han durado cada uno casi dos años ( es decir, me he pasado mi toda mi juventud enamorada de alguien y doy gracias por ello). Yo soy una chica de los más difícil a la hora de conquistar, a parte de lo anteriormente citado y esos dos chicos, tuvieron que luchar en su momento por mi corazón. Tuvieron que irse metiendo lentamente en él, hasta que ya, harta de luchar contra mis propios sentimientos, cedí. Aunque he de resaltar que algunas de estas pugnas entre esos jóvenes y mi corazón, llegaron a durar hasta años.
Hoy, día 21 de Febrero del 2011, estoy en su misma situación (destacaré que nunca, nunca, había tenido las de perder en estos temas), y tengo que darles la enhorabuena por el valor y la perseverancia que mostraron, por que esta situación no hay quien la resista.
Resulta que, estoy totalmente loca por un chico que, al igual que yo, es extremadamente vergonzoso (algo raro en un chico, ya que lo único que hacen es montar el pollo todo el rato) y tímido. Son pocas las palabras que he cruzado con él (recuerdo que también yo me muero de vergüenza casi siempre), y éstas han sido no hostiles, pero tampoco amigables. Esto me hace pensar que quizás yo no le interese lo más mínimo, pero cierto es que, a mi esos dos chicos con los que pasé increíbles años de mi vida, tampoco me interesaban lo más mínimo...En un principio. Entonces pienso que si ellos no hubieran sido tan..."pesados" es la palabra, nunca hubiera pasado esos momentos maravillosos y me digo a mi misma: "quizás es hora de empezar a esforzarse por algo Laurita, que te pasas la vida esperando a que lleguen los momentos en vez de procurártelos tú misma." El problema es que no soy ni tan valiente, ni tan perseverante como lo fueron ellos conmigo y no me gusta dar ni el primer paso, ni esperar una eternidad por este.
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