viernes, 18 de marzo de 2011

Puntos de vista

Estaba sentado en el césped del jardín. El sol se escondía tras unas cuantas nubes viajeras y una brisa fresca de principios de primavera, movía las copas de los árboles. Una fuente borbotaba a lo lejos, produciendo un agradable sonido que poco a poco lo adormilaba. Se echó hacia atrás dejando caer su cuerpo sobre la hierba fresca y comenzó a leer su libro favorito. Con la suave brisa que acariciaba su rostro, llegó a él un olor... Se incorporó para ver de donde procedía, pero no había nadie por allí, lo más cerca era la calle de enfrente y estaba a varios metros...
Continuó su lectura, pero solo había puesto los ojos en las lineas del texto cuando oyó pasos. Levantó la cabeza y descubrió la procedencia de aquel aroma: Una joven rubia de ojos claros que conocía, se acercaba a él. Ámber la llamaban sus amigos. Solía cruzarse casi todos los días con ella varias veces, e incluso estaban en la misma clase de cálculo, pero le era imposible mirarla a la cara sin bajar la mirada, sin sentir que aquellos ojos azules quemaban su piel.
Un cosquilleo recorrió su espalda y el corazón comenzó a latir con ferocidad: ¿Qué hacía ella en aquel lugar? 
La muchacha se acercaba más y él no sabía donde posar su mirada y ni siquiera sabía si sus cuerdas vocales estarían listas para un simple "hola". El olor era cada vez más intenso. Sus miradas se chocaron, él la apartó, "Imbécil, ¿que haces?, vuelve a mirarla y saluda, se un caballero". Se aclaró la garganta a segundos de que la chica pasara por su lado, e incluso abrió la boca para emitir algún sonido, pero ésta, agachando la cabeza siguió de largo. 
El muchacho se quedó allí con la boca abierta de par en par y el "hola" en la lengua. "¿?" fue su único pensamiento.


Hacía un día espléndido, un sol precioso con algunas nubes, pero de resto los árboles danzaban al compás del viento y los pajarillos emitían un lindo cantar. No había nadie en su casa y se aburría así que, decidió salir a pasear. Se vistió y maquillo, tomó su libro favorito y salió de su habitación "¡Uy! el perfume" pensó y volvió adentro.
Paseaba tranquilamente por una calle cuando, un sonido le llamó la atención. Parecía el borboteo de una fuente. "Que raro, ¿quién va a tener una fuente en medio de este alquitrán?" Seducida por ese sonido se aventuró hacia aquel lugar. El sitio estaba rodeado de malezas, pero en cuanto consiguió vislumbrar lo que había allí, no pudo resistirse a entrar: Toda una loma cubierta de césped verde, árboles con flores primaverales y el motivo de su distracción, una pequeña fuente con agua en su interior. "El lugar perfecto para leer" pensó "tan perfecto que ya hay alguien aquí" refunfuñó cuando vio a un joven acostado en la hierva. "Da igual, pienso quedarme". 
Se fue acercando poco a poco, y vio con claridad quien era. Luis, era su nombre, o al menos así le llamaba la profesora de cálculo. 
Desde la primera vez que le vio, perdió el norte y seguía perdiendolo bastantes veces al día, solo con ver sus ojos verdes, tan intensos y a la vez tan inseguros, tan...tímidos. 
Aun no se había dado cuenta, que ella le observaba, y por eso comenzó a pisar exageradamente con sus pies en el suelo, para hacer ruido. El chico levanto la vista, para ver qué hacía ese ruido y sus miradas chocaron. "¡Ay!" Se sorprendió y la sangré comenzó a subir a sus mejillas. "Estúpida. Mírale a la cara de una vez. Háblale, por que él no lo va a hacer". Levantó de nuevo la cabeza y sus ojos volvierona chocar. "Dios, es tan adorable...daría lo que fuera por oír su voz tan solo una vez. Me está mirando, me mira...que vergüenza". Agachó la cabeza y siguió de largo. "Estúpida niñata" fue su único pensamiento.

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