Piensa, ¿cuántas veces a lo largo de tu vida te has quedado con las ganas?
Esas de otra cerveza, de repetir postre; de abrazar, de sentir, de dos minutos más...
¿Cuántas veces son? ¿Demasiadas, no crees?
Pues, para quedarte con las ganas, mejor, quédate conmigo.