"Explícalo con tus palabras" decía nuestro profesor de Lengua; y así he hecho el resto de mi vida desde que dejé las abarrotadas clases de un instituto público en Candelaria, Tenerife.
miércoles, 30 de enero de 2013
El viento enredaba su pelo largo, mientras ella intentaba mantenerlo a ralla.
Él desde su rincón, siempre esperaba, que los ojos de aquella muchacha le sonrieran. Eran del color de la miel y tan profundos...
Su corazón comenzó a latir con fuerza cuando, estos lo miraron justo a él. La muchacha se acercó sonriéndole, y por sorpresa recibió un abrazo. Su aroma le inundó todos los sentidos, abrumandole el cerebro. Él correspondió su abrazo con suavidad, mientras le acariciaba el cabello. La joven se soltó de sus brazos y comenzó a charlar alegremente, mientras él, no sabía a qué hacer caso, si a sus palabras locas, o a sus labios rojos, a sus manos tan delicadas...
Quería besarla, para que se callase y dejara de hablar, pero sabía que no era lo correcto, pues era su amiga.
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