Sentada en un sillón del autobús al lado de la ventana, veo pasar los objetos que hay fuera. Me aburre el viaje hasta la capital a las 8 de la mañana, pero también, a cualquier otra hora del día. Música, la mejor opción. Saco mi mp4, me pongo los auriculares y parece que, el solitario vehículo en el que sólo vamos el conductor y yo, es un poco más alegre.
Conforme van avanzando las paradas de autobús, va subiendo más gente, aunque ninguna de mi interés. El silencio, va convirtiéndose en charlas alegres, que salen de las bocas, aun un poco adormiladas, de los distintos ocupantes del receptáculo. Risas, que oigo a través de la música de mi mp4. ¿Cuánto tiempo ha pasado desde que reí por última vez? No tengo ni idea.
Mi música sigue sonando y pienso, que si, que hace demasiado que no sonrío y que ya es hora de dejar de ocultar la más radiante de mis sonrisas, esa que posee mi corazón. Me siento bien y mientras el sol sale de detrás de las nubes mañaneras, las comisuras de mi boca ascienden hasta formar una tímida sonrisa. Miro hacia el interior del vehículo, por primera vez en mucho tiempo y me doy cuenta de que, aquella soledad que siempre había sentido cuando viajaba allí, solo estaba en mi imaginación. Y el chófer me miró por el retrovisor y rió. Seguramente estaría pensando que, por primera vez veía sonreír a la chica triste del último asiento.
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